El borracho del Puente Viejo (un cuento de Aura Tazón)

18 Oct

Como el tema de la literatura y el del humor han tenido bastante éxito, os dejo aquí un pequeño cuento, para que os echéis unas sonrisas. Está inspirado en una leyenda zen y es por eso que lo saco a colación, aunque forma parte de una novela, «Historias de Villadiós de las Sartenes», que ofrezco gratis en formato de libro digital (pincha en el título si quieres acceder a la descarga). La novela narra las peripecias de los habitantes de un pueblo que tienen un curioso santo local: San Zoquete, que comanda las tormentas. Este cuento, en concreto, podría ir subtitulado con el refrán de «las cosas son como son y no como uno quiere que sean»…

El borracho del Puente Viejo

Por Aura Tazón. Fragmento de la novela «Historias de Villadiós de las Sartenes».

—¿No te da vergüenza? ¡Mira cómo te encuentro! ¡Y el mismo día en que me habías prometido enmendarte!

–Lo… lo siento, padre… Yo intenté cumplir lo que me pidió… Mire que por eso estoy así… Sólo me he bebido dos garrafas de vino hoy y mire usted el resultado…

El padre, a regañadientes, sacó al hijo del fango. Estaba medio enterrado en el lodo, al pie del Puente Viejo. Menos mal que San Zoquete vela por los beodos de este pueblo, pensó, y era verdad. Como por milagro, en pleno mes de abril, llevaba sin llover quince días; por eso el nivel del río no era muy alto cuando el borracho cayó en él.

* * *

Juan Cordero había salido de su casa a media noche, preocupado por su hijo Corderín. Era mucho más tarde de lo habitual y el vástago aún no había llegado. El bueno de Juan Cordero, honrado comerciante, no hacía vida del muchacho.

Corderín era un juerguista impenitente y un vago redomado. No ayudaba en la pequeña tienda de ultramarinos y, en cambio, siempre que podía se llevaba unos cuartos de la caja. Hubo un tiempo en que los desfalcos eran mayores, porque el chico había depurado mucho su técnica. Entraba sonámbulo en la habitación del padre y le cogía varios billetes de los que se habían amasado en el día y se guardaban en el cajón de la mesita de noche. Al principio, Juan Cordero no dijo nada, pues su mujer tenía miedo de que despertarle bruscamente pudiera matarlo. Pero, sospechando la burla, el padre descubrió la superchería y propinó unos buenos zurriagazos al gamberro.

Ya de mayor, Corderín tomó por costumbre emborracharse a diario. Solía llegar a casa hacia las once, completamente ebrio. Pero aquel día habían tocado ya las campanas de la medianoche y no aparecía.

Por eso Juan Cordero salió a buscarle.

Por eso, y porque aquella misma mañana habían tenido una fuerte discusión. La madre de Corderín llevaba varios días gravemente enferma y se temía por su vida. A su lecho habían llamado al padre Jerónimo, para que le diera los últimos sacramentos. La buena mujer dijo entonces al párroco y a su marido que su más grande ilusión antes de entrar en la Gloria de Dios era ver que Corderín dejaba su vida disoluta y retomaba el buen camino.

Juan Cordero no se lo pensó dos veces. Llamó a capítulo al hijo, que nunca madrugaba a causa de la permanente resaca, y le obligó a jurar por Dios y por San Zoquete que rectificaría su comportamiento. Corderín, conmovido por el estado de su madre, hizo la promesa.

Esa noche, Corderín no llegó a casa y Juan Cordero salió a buscarle.

 * * *

El padre encontró al hijo enterrado de cintura para abajo en el fango del río, al pie del Puente Viejo. Estaba ebrio, como de costumbre. Juan Cordero se enfureció.

—¿No te da vergüenza? ¡Mira cómo te encuentro! ¡Y el mismo día en que me habías prometido enmendarte!

—Lo… lo siento, padre… Yo intenté cumplir lo que me pidió… Mire que por eso estoy así… Sólo me he bebido dos garrafas de vino hoy y mire usted el resultado…

—Pero, ¿qué dices, canalla? ¡Si estás borracho! ¡Ni siquiera por tu pobre madre, que se puede morir hoy mismo, has sido capaz de aguantarte el sincio, maldito tragacántaras!

—No, padre… Usted no lo entiende… Normalmente me bebo tres garrafas de vino… Entonces veo tres puentes, paso por el del medio y llego a casa sin problemas… Pero hoy, pensando en usted y en madre, me he bebido sólo dos garrafas… Entonces he visto sólo dos puentes, he escogido uno de ellos… Y no debía ser el bueno, porque me he caído al río…

Juan Cordero no daba crédito a lo que oía. No sabía si sacar al hijo de allí o si darle un garrotazo en la cabeza para que se hundiera más. Optó finalmente por lo primero. Mas, cuando quiso llevárselo a casa, Corderín sintió pánico y se negó a atravesar el Puente Viejo.

—¡Oh, no, padre, sigue habiendo dos puentes! —gritó—. ¡Yo no paso hasta que vea tres, no sea que me vuelva a caer y me rompa la crisma! ¡Por favor, volvamos a la tasca! Me beberé mi tercera garrafa y verá que todo vuelve a su sitio…

 

2 respuestas hasta “El borracho del Puente Viejo (un cuento de Aura Tazón)”

  1. Javi 18 octubre 2011 a 4:47 pm #

    Gracias por tu aportación una vez más,creo que es muy bonito poder marcar la diferencia de nuestra asociación ; os quiero recordar a todos que no tiene solo con una visión deportiva de una actividad,si no que abarca también y cuando menos por igual ,el ámbito de la cultura y el arte y aportaciones como esta lo ponen de manifiesto.Javi

  2. María Martínez 18 octubre 2011 a 8:56 pm #

    Habrá que descargarlo entero para ver cómo termina la historia. Gracias Aura.

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